Un estudio realizado con mujeres empresarias en Argentina revela que el 60% es reconocida como buenas negociadoras en el ámbito laboral, no así en el área familiar. En el trabajo, las mujeres en posiciones de liderazgo tienden a ser más asertivas, persuasivas, inclinadas a tomar riesgos y con una mayor necesidad que se lleven a cabo las acciones. Sus características de género en cuanto a personalidad y factores motivacionales producen grandes diferencias: conversan más sus decisiones a fin de lograr mejores acuerdos y proyectos ganar-ganar, poseen una gran actitud de escucha a fin de reflexionar e incorporar la mejor de las ideas propuestas. Saben ceder para persuadir desde tener una lectura desde distintos ángulos con el fin de obtener el mejor resultado final. El estilo de liderazgo femenino es inclusivo, inclinado a generar consenso, habilidad que es vista como una gran fortaleza por las empresas, explica María del Carmen Vega, coach de EIPO Coaching & Psicología.

En el espacio familiar, agrega la experta consultada por LA GACETA, esta capacidad negociadora se anula en la mayoría de las veces ante las actividades cotidianas. Siempre están dispuestas a satisfacer las necesidades de los demás ante las propias, todo ello fundamentado en creencias del síndrome de la "superwoman", acota.

La clave para alcanzar el éxito personal y profesional está en la habilidad para secuenciar, es decir, para centrarse en un área específica en cada etapa de la vida, en función de las prioridades personales. El modelo de la "superwoman" no funciona siempre y no es el modelo más realista para la mayoría de mujeres. En cambio, el modelo basado en la secuenciación supera el imperativo cultural de tener que hacer juegos malabares para llegar a todo, dice Vega, que el sábado, desde las 9, en la Fundación Integrar (Bolivar 108), dictará un curso sobre coaching para mujeres.